iconografías

El mito de Narciso reflejado en el arte antiguo y medieval

Si en un artículo anterior hablábamos sobre el mito y sus distintos significados, en esta ocasión exploraremos cómo Narciso queda reflejado en el arte de las distintas épocas. En esta primera entrega nos referiremos al arte de la Antigüedad y de la Edad Media. En la segunda, analizaremos sus manifestaciones durante el Renacimiento y el Barroco. Y en la tercera, abarcaremos desde el siglo XVIII hasta la actualidad. De esta manera obtendremos una perspectiva más profunda para descubrir la exposición digital denominada “Amor al propio reflejo”.

Contenidos

Anónimo: Narciso mirando su reflejo (1350), miniatura del Roman de la Rose, The Morgan Library & Museum, Nueva York (MS M.324 fol. 11v).
Anónimo: Narciso mirando su reflejo (1350), miniatura del Roman de la Rose, The Morgan Library & Museum, Nueva York (MS M.324 fol. 11v).

Narciso reflejado en el arte de la Antigüedad

El arte de la Antigüedad nos ha legado bastantes representaciones de Narciso. Algunas esculturas romanas como la conservada Museo del Prado, inspirada en Efebo de Westmacott de Policleto. Un joven bellísimo, desde luego. Pero el único elemento que nos permite identificarlo como Narciso es su pose: su mirada dirigida hacia el suelo, donde estaría ubicado el manantial que le haría de espejo.

Anónimo (taller romano): Narciso mirando su reflejo en el agua (copia del Efebo de Westmacott de Policleto), c. 25-50 d.C., escultura de mármol, Museo del Prado, Madrid. Narciso reflejado en el arte.
Anónimo (taller romano): Narciso mirando su reflejo en el agua, c. 25-50 d.C., escultura de mármol, Museo del Prado, Madrid.
 Anónimo (taller romano): Narciso mirando su reflejo en el agua (copia del Efebo de Westmacott de Policleto), sin fecha (original h.450-420 a.C.), escultura en mármol , Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Desde. Narciso reflejado en el arte.
 Anónimo (taller romano): Narciso, escultura romana en mármol , Staatliche Kunstsammlungen Dresden, Desde.
Efebo de Westmacott de Policleto (c. 450-420 a.C.). Narciso reflejado en el arte.
Policleto: Efebo de Westmacott (c. 450-420 a.C.), conocido a través  de copias romanas en mármol, como la de esta imagen, conservada en el British Museum de Londres.

Narciso reflejado en la pintura antigua

En la pintura este tema se expresa con mucha más claridad. Narciso aparece absorto en la contemplación de su imagen, que le devuelve la mirada. Hablamos de obras pictóricas romanas, puesto que en el arte griego no nos topamos con iconografías de este mito.[1]

Se trata -en gran mayoría- de frescos procedentes de Pompeya fechados en el siglo I d.C. Un momento en el que la historia de Narciso gana mucha popularidad a raíz de la publicación de Las metamorfosis de Ovidio en el año 8 d.C.

Los frescos pompeyanos

Existen alrededor de 40 pinturas pompeyanas que tratan el mito del bello joven enamorado de su propio reflejo. Más de la mitad de éstas son posteriores al 62 d.C. y en todo caso, anteriores a la erupción del Vesubio (del año 79 d.C.) que ha ayudado a preservarlas.

En éstas, Narciso siempre se encuentra suspendido ante una fuente de agua, apoyado en una lanza y ataviado con una fina prenda que descubre su cuerpo. En ocasiones, nos es presentado como figura independiente. Bien recortado sobre un fondo plano o bien ubicado en un paisaje rocoso.

Algunas representaciones incluyen fondos arquitectónicos e integran a más personajes: una resignada Eco y un diligente Cupido o Anteros (el hermano menor de Eros, vengador del amor no correspondido). Hay obras –probablemente influidas por el relato de Ovidio- que plasman a los tres al mismo tiempo: Cupido señalando con su antorcha el claro de agua que cobija la fatídica imagen. Narciso a punto de conocerse a sí mismo. Eco asomándose detrás de una columna para observar al muchacho…

Anónimo (taller romano): Narciso (siglo I a.C.) pintura al fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Narciso (siglo I d.C.) pintura al fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Anónimo (taller romano): Narciso y Eco (siglo I d.C.) pintura al fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Eco y Narciso (siglo I d.C.) pintura al fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Anónimo (taller romano): Narciso (siglo I d.C.) pintura al fresco del atrio de una Domus pompeyana, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Narciso (siglo I d.C.) pintura al fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

El reflejo monstruoso

Cabe señalar la presencia de un ingrediente interesantísimo, capaz de transformar el sentido de la representación. El reflejo que acompaña a Narciso en estas pinturas no siempre es bello. En ocasiones, ni siquiera es un doble fiel del rostro del efebo. Se asemeja más bien a una Gorgona (diapositiva 1) o directamente a un espejismo grotesco (diapositiva 2).

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Anónimo (taller romano): Narciso (siglo I a.C.) pintura al fresco de la Casa de Ottavio Quartione de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Anónimo (taller romano): Narciso (siglo I a.C.) pintura al fresco de la Casa de Ottavio Quartione de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

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Anónimo (taller romano): Narciso en la fuente, siglo I d.C., pintura al fresco de la Casa de Leda y el Cisne, Regio V de Pompeya, Parque Arqueológico de Pompeya.

Anónimo (taller romano): Narciso en la fuente, siglo I d.C., pintura al fresco de la Casa de Leda y el Cisne, Regio V de Pompeya, Parque Arqueológico de Pompeya.

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Este paralelismo (entre la efigie del agua y la apariencia de un monstruo terrible cuya visión petrifica) tiene mucho sentido si lo que se pretende resaltar no es tanto el amor a una belleza inalcanzable, como sus funestas consecuencias. En el mito, Narciso queda paralizado ante su imagen, mientras que Eco acaba transformada -literalmente- en piedra.

Dicha intencionalidad queda patente en casos como el conjunto de la Casa de Octavio Quartio (Pompeya), repleto de escenas mitológicas (como Diana y Acteón o Píramo y Tisbe) donde la visión seductora inicia el camino hacia un destino trágico.

Narciso reflejado en el arte de la Edad Media

Este enfoque moralizante es la línea principal adoptada durante la Edad Media, que reinterpreta numerosos textos clásicos en clave cristiana. Por lo tanto, el mito de Narciso es presentado como un espejo simbólico. Una fabula sobre la vanidad para servir de advertencia contra el engaño del mundo transitorio de los sentidos: quien persiga sombras acabará confinado en la oscuridad.

La mayoría de representaciones medievales de este tema son ilustraciones del Roman de la Rose, un poema alegórico escrito durante el siglo XIII por Guillaume de Lorris y Jean de Meung. Una obra inspirada en Ovidio que tuvo un éxito enorme para su época, por lo que hoy en día conservamos alrededor de 300 manuscritos. Muchos de éstos, iluminados con distintas escenas referentes a la mitología, entre las cuales destacamos la de la leyenda que nos ocupa.

La iconografía no varía demasiado: siempre presenta a Narciso reflejado en el agua, absorto en su propia contemplación. En las versiones más antiguas lo encontramos tumbado al lado de un manantial, mientras que -en las más modernas- arrodillado ante una fuente arquitectónica. Suele haber referencias a un entorno natural, como arboles o animales. Eco sólo aparece en contadas ocasiones, como en el caso del Manuscrito de Bodleian Library, donde Dios observa la escena.

Anónimo: Narciso (1340) miniatura del Roman de la Rose (BL, Royal 20 A XVII, fol. 14 v)
Anónimo: Narciso (1340) miniatura del Roman de la Rose (BL, Royal 20 A XVII, fol. 14 v)
Anónimo: Narciso y Eco (1390) miniatura en un códice del Roman de la Rose (Bodleian Library, Oxford (Ms. 65, fol. 012v ).
Anónimo: Narciso y Eco (1390) miniatura del Roman de la Rose (Bodleian Library, Oxford (Ms. 65, fol. 012v ).

Aun así, no podemos afirmar que en la Edad Media la historia de Narciso fuera simplemente un mito negativo. Era, más bien, una invitación a resolver el conflicto entre la ilusión y la realidad desde una perspectiva cristiana.


[1] A excepción de una figurilla de terracota helenística (siglo III a.C.) cuya datación se disputa.

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